












Nada de encerrarte a limpiar con la ventana abierta y los ojos llorando. La fórmula trabaja sobre la suciedad, no sobre tu nariz: puedes limpiar el baño un domingo por la mañana sin que toda la casa se entere.
Y el olor que vuelve a las horas —ese del inodoro y el sifón— tampoco vuelve, porque no se tapa con perfume: se elimina la bacteria que lo produce.





Disuelve las manchas de agua dura, el sarro y la película de jabón seco sin que tengas que refregar. Devuelve el brillo parejo a las superficies y deja el baño como recién entregado.
El chorro directo va a la mancha concreta —el cerco del inodoro, la junta negra— y la niebla cubre de una pasada la mampara entera o el mesón.

Levanta la mugre y el sarro sin dañar ni rayar las superficies delicadas: cromo, vidrio y cerámica quedan con su brillo original, no opacos ni marcados.
Tampoco es agresiva con tus manos, así que no necesitas guantes de obra para limpiar el baño.

